Pregunta a cualquier médico de familia qué le quitaría de la consulta y es probable que te diga el ordenador. Por eso suena tan bien lo que ha anunciado el Ministerio. El transcriptor de consulta con IA llegará a todos los centros de salud antes de que acabe 2027, dice. Ojalá, pero lo veo difícil. El Plan de Acción de Atención Primaria ya preveía transcripción en todas las consultas antes de 2027, así que el plazo se ha corrido un año. Lo que hay hoy es un piloto en siete comunidades con más de 6.000 consultas en poco más de un mes. Redacción Médica
Del piloto sabemos lo que cuenta quien lo dirige, que los profesionales están encantados y que los pacientes lo puntúan con un 4 sobre 5. No hay informe, ni minutos ahorrados, ni errores de transcripción. Tampoco sabemos cómo se paga. El Ministerio habla de «financiación específica» sin importe ni partida. Lo más parecido es el programa de 223 millones para servicios digitales e IA, 139 de fondos europeos y 84 del Ministerio, repartido por convenios con cada comunidad.
Además, un estudio de JAMIA de esta semana siguió a 220 clínicos de primaria de Estados Unidos, 150 días antes y 150 después de empezar a usar un escriba de IA. Escribir las notas lleva un 16% menos de tiempo y el trabajo fuera de horario baja un 19%, pero la actividad facturable sube solo un 2%. No hay grupo de comparación y se apuntó quien quiso.
En resumen, libera tiempo y alivia la carga de quien la usa, pero quien la compre esperando más consultas se llevará una decepción. Hay quien dirá con razón que un profesional menos agotado ya es un resultado. El piloto es la ocasión de medir lo que ahora no se mide, los minutos por consulta, los errores y lo que hace cada centro con el tiempo ganado.
No me malinterpretéis, los escribas de IA van a arrasar en sanidad, pero dudo que en 2027 estén en toda la Atención Primaria.










