Como cifra de la semana hemos puesto la misma que destacaron los grandes medios, pero veréis que no hay tanto apoyo ciudadano como dicen. Es verdad que casi nadie en España quiere gastar menos en sanidad. En la última encuesta del CIS sobre el Estado de bienestar, el 95% cree que las administraciones deberían gastar más, y más de la mitad dice «mucho más». Ninguna otra partida llega tan alto, ni siquiera la educación. Europa Press (Infosalus), sobre el CIS, estudio 3579
Ya sabes que se puede influir en lo que responde un encuestado según cómo se formula la pregunta, en qué orden, qué se ha preguntado antes y qué opciones se dan. Vamos a aplicarlo aquí.
El encuestador lee una lista de servicios públicos y pide decir si habría que gastar más, lo mismo o menos en cada uno. No menciona de dónde saldría el dinero ni qué habría que dejar de hacer. Formulado así llegamos al 95%. Es una pregunta sin precio, así que más que una petición es un deseo.
Cuando la pregunta recuerda que los servicios se pagan con impuestos, el 79% sigue diciendo que la sanidad tiene muy pocos recursos (CIS, julio de 2026). Pero si se obliga a elegir entre (1) mejores servicios con más impuestos o (2) menos impuestos con menos servicios, solo el 38% elige pagar más. Un 32% prefiere pagar menos y un 28% se queda en medio. Son preguntas distintas, pero el salto del 95% al 38% dice mucho.
Pero más que saber si los ciudadanos quieren destinar más a sanidad, hay una pregunta casi más interesante, si creen que esos servicios les devuelven lo que pagan. En sanidad, solo la mitad (el 51%) dice que la asistencia sanitaria funciona satisfactoriamente, cuando hace dos años eran el 55%.
Mi sensación es que el apoyo a la sanidad ya está ganado (o lo estaba). Lo que falta es demostrar que un euro más se convierte en algo que el paciente nota, una cita antes o una lista más corta.
Así que no caigamos en la simpleza de pedir más dinero para la sanidad sin pedir a la vez una reforma que la transforme para que tenga mejores resultados y más salud, y que cada euro de más dé de sí. Consensuar una reforma (y luego implementarla) es mucho más difícil que pedir inversión. Y así estamos, 35 años sin una verdadera reforma.
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