Bienvenido. Esta semana dos titulares que van de la mano. La productividad del NHS sube un 3%, y la esperanza de vida saludable del Reino Unido baja dos años. Un tanto contraintuitivo, ¿no?
El Gobierno británico le había pedido un 2% de productividad anual, así que NHS England cumple y le sobra, y además venía de hundirse un 23% con la pandemia. Pero mirad cómo está hecha la cifra. Productividad es cuánta actividad sale por lo que entra, y entran personal, medicamentos e instalaciones. Sin ningún ajuste por calidad. Mil prótesis de rodilla cuentan lo mismo si el paciente vuelve a andar que si se infecta y hay que repetirlas (de hecho cuentan dos veces). Y solo se cuenta la atención hospitalaria.
Resulta que si haces lo que todos sabemos que hay que hacer (prevención y comunidad) la cifra te castiga. Una consulta que no ocurre porque el paciente no enfermó no cuenta como productividad.
Alguien dirá, con razón, que medir actividad es lo único que se puede hacer. Los resultados en salud tardan años y mezclan lo que hizo el hospital con la vida del paciente y muchas más cosas.
Y el fondo lo pone la Health Foundation. El Reino Unido ha pasado del puesto 14 al 20 (de 21 países ricos) en esperanza de vida saludable, y ya solo tiene detrás a Estados Unidos. Entre las zonas más y menos favorecidas hay diecinueve años de diferencia. Mientras la productividad del sistema sube, la salud del país baja.
En España ni siquiera tenemos esta discusión, porque publicamos actividad y casi nunca productividad, pero en esencia estamos igual. El contrato programa de un hospital se negocia en altas ponderadas, y la peonada de tarde se cobra por intervención, salga como salga. Más actividad no quiere decir mejor salud de los ciudadanos.







